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Fecha de Celebración:

  21/ Diciembre  -Solsticio de Invierno-

 

Es el solsticio de invierno, conocido con diferentes nombres según las tradiciones,  se celebra aproximadamente el 21  de diciembre.

Es la época en la que la tierra yace bajo el frío y profundo manto del invierno. El sol habiendo acabado su recorrido descendente  llega en este día a su punto más bajo y va a comenzar a remontar en el cielo. A partir de este día  el sol iniciará su viaje hacia el Norte, acercándose a nosotros y alargándose los días. Este tiempo intermedio es importante para los Druidas. El desequilibrio en la duración del día y la noche (el día más corto del año) crea un “umbral” que como en el caso del solsticio estival es altamente mágico.

Las ceremonias solsticiales son ceremonias de vigilia, es decir, comienzan con una ceremonia nocturna y terminan con una ceremonia diurna (al amanecer) que se establece como ceremonia de cierre. La Modranecht consta de dichas 2 celebraciones que denominamos respectivamente Matronucta (Noche Madre) y Sauli Marunata (Canto Fúnebre al Sol).

La Modranecht es considerada como el tiempo de la muerte del sol cuando nos abandona completamente al acercarse la noche más larga. Tras el ocaso emergerán las Sombras, las Sombras que cubrirán la Tierra por el espacio de tiempo más largo de todo el año. Estamos pues, ante la Primera de las Noches, la más longeva, la Madre Noche o Matronucta (según los galos).

El ritual Druídico establece ofrendas póstumas a Belenos, para que una vez completado su ciclo de oscuridad, pueda renacer con fuerza y ocupar su lugar en el mundo.

Durante la Matronucta en nuestra Tradición, honramos a la Oscuridad Regeneradora. Es el tiempo donde se gesta el renacimiento solar. En esta Noche Sagrada, madre de las noches, la oscuridad que envuelve al Mundo será una oscuridad generadora de nueva Vida. 

Es la Oscuridad del Vientre Materno, es la Oscuridad de Danua (Danu/Dana) a la que honramos en este día. Es la Oscuridad presentida por los ojos cerrados del bebé. En esta larga Noche invernal enraíza la semilla del nuevo Sol y por espacio de tres días, sumergido en estas sombras primordiales,  el Niño Sol se gesta, se desarrolla y al final La Madre de la Luz, Madre de Toda Vida, infantará al Sol en el feliz día de la Nuxunna Runa, el renacimiento del espíritu de Belenos.

Y es por esto que los días son siempre iniciados por sus noches, porque es en la oscuridad de los principios es donde se gestan los esplendores y las luces de todos los finales. 

Con el amanecer, comienza la ceremonia de cierre y mediante las palabras del “Sauli Marunata” (Canto Fúnebre al Sol) nos preparamos para la muerte abandonando todo aquello que hace obstáculo a la luz, estableciendo así la relación entre el ciclo anual y nuestro viaje interior,  Ceremonia que engloba el canto fúnebre pero también la alegría del nacimiento pues sabemos que la Muerte es solo un pasaje y que en breve Belenos emergerá de la Oscuridad brindándonos la luz de un nuevo verano. En la oscuridad, tiramos a la tierra los objetos que llevamos, símbolos de las ataduras a las cosas materiales que nos impiden progresar.

Así se posibilita la continuidad del Ciclo Eterno entre Vida y Muerte.

Hay una leyenda que expresa muy bien el renacimiento de la luz, simbolizada por la lucha entre el Rey Acebo símbolo de la oscuridad y el Rey Roble símbolo de la luz. La gente se quedaba despierta en esa noche esperando el renacimiento de la luz, pues temían que el poderoso Rey Roble perdiera en su batalla contra el Rey Acebo. Ceremonias especiales se realizaban para ayudar

al Rey Roble en su lucha. En cuanto el sol empezaba a brillar, la gente daba por seguro de que el ciclo continuaría y de que el Sol, volvería a brillar en plenitud.

Los árboles perennes como el acebo, pino, abeto o hiedra eran (y aun lo son) reverenciados durante el Solsticio invernal. Quizá el motivo ya ha sido olvidado por la gente de hoy en día, pero no por nosotros.  A los árboles perennes se les rinden honores especiales en esta época del año porque simbolizan la vida eterna, y nos ayudan a recordar que el verano y los meses cálidos pronto regresarán. Estas plantas que nunca parecen mostrar cambios de vitalidad o fuerza en la parte más oscura del frío invierno, a las cuales los antiguos admiraban y querían emular, son como nosotros. El ciclo se repite y crecemos con la tierra.